En la naturaleza la importancia del sexo es indiscutible y más que evidente. A la hora de disputarse una hembra no hay amigos ni conocidos que valgan. Todas las especies animales del planeta intentan practicarlo a toda costa y, para ello, se juegan la vida, o el físico, empleando una variedad enorme de armas y técnicas de guerra dignas del mejor de los ejércitos. Astas, cuernos, dientes, garras, ingenio... ¡todo vale!, si con ello se derrota al adversario y se logran los favores sexuales de una hembra, aparentemente complacida por la valía y actitudes mostradas por el vencedor.Esto es así no sólo por el placer que provoca el acto sexual en sí mismo, demostrado por la tremenda brevedad de la cópula en algunas especies y el escaso contacto físico en otras, sino porque es el paso previo para dejar descendencia, para que los genes de ambos individuos permanezcan el tiempo que lo hagan sus hijos, y los hijos de sus hijos etc, etc. Es por ello que hablar de sexo, es hablar de reproducción, de reproducción sexual en este caso y, en lo que a importancia se refiere, la prevalencia de la reproducción sexual (aquella en la que se necesitan dos individuos de sexo contrario para que tenga lugar, macho y hembra) sobre la asexual (sólo se necesita un individuo para llevarla a cabo) es incuestionable hoy día.
La reproducción sexual permite la combinación de parte del material genético del macho con el de la hembra, dando lugar así a individuos diferentes entre sí, y diferentes a los progenitores. Gracias a la reproducción sexual las mutaciones genéticas favorables de un determinado organismo se mantienen en el tiempo y se distribuyen entre organismos similares, mientras que las letales desaparecen con el individuo que las porta. No se entendería la enorme diversidad y variedad de especies únicas e irrepetibles, que pueblan nuestro planeta sin la existencia de este tipo de reproducción.
A pesar de que parece claro que la reproducción sexual es muy antigua y que, hasta ahora, se había fechado el origen de la cópula en épocas tempranas de la evolución de los vertebrados, los nuevos descubrimientos revelan que la que podríamos llamar "cópula más antigua" se produjo hace 385 millones de años y fue llevada a cabo por los placodermos, nuestros ancestros vertebrados más antiguos, según un reciente estudio publicado en la revista Nature.
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| Placodermo. Fuente. |
Los placodermos son un grupo de peces extintos, de unos 400 millones de años de antigüedad, que presentaban placas óseas en la parte anterior de su cuerpo, y cuya característica evolutiva más importante, al menos hasta ahora, es que fueron los primeros peces Gnatostomados, es decir, los primeros vertebrados con mandíbulas. Su importancia no sólo radica en eso, sino en que se les relaciona de manera directa con la base evolutiva más antigua del ser humano, pues muchas de nuestras características, como poseer extremidades pares, e incluso los dientes, aparecieron primero en este grupo.
El descubrimiento de esta "primera cópula" ancestral y primera fertilización interna en vertebrados como estrategia reproductiva lo han llevado a cabo un grupo de científicos australianos de la Universidad de Flinders (Adelaida), tras descubrir, analizar y comparar, un hueso fósil perteneciente a un placodermo, de apenas 8 cm, llamado Microbrachius dicki que vivió en ambientes lacustres de Escocia, además de Letonia y China. Lo cierto es que Microbrachius significa "brazos pequeños", y esos "brazos" han resultado ser órganos copuladores.
Este hueso representa el órgano sexual más primitivo hallado en un vertebrado, y evolutivamente es la muestra más antigua en de distinciones físicas entre los órganos sexuales masculinos y femeninos, en vertebrados. Dicho órgano resultó ser una estructura doble con forma de "L", denominadas "claspers" que empleaban a modo de "pene" para transferir el esperma a la hembra, algo parecido a los claspers que poseen los tiburones y rayas actuales, aunque, como sabemos, y como señalan los autores, los claspers de los tiburones modernos son de cartílago y se desarrollan a partir de las aletas pélvicas, lo que los diferencia de los claspers óseos de los placodermos.
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| Recreación del apareamiento en Placodermos y fósil de placodermo en el que se diferencian los claspers, empleados en la cópula. |
Estos claspers óseos de los placodermos machos llegarían al centro de la hembra, donde se hallan unas pequeñas placas genitales muy rugosas o estriadas que facilitarían la fijación del órgano sexual masculino (actuando como lo hace el velcro, según los investigadores) y su maniobrabilidad durante la cópula. La cópula, debido a la singular anatomía de este grupo, habría de producirse de lado, como ilustra el vídeo elaborado por los autores del artículo en el que se explica, además, cómo fue llevada a cabo esta investigación y sus resultados. El vídeo podréis ver al final de este post.
Como dice el Dr. John Long, uno de los autores de este trabajo, “las implicaciones de este hallazgo son aún mucho más importantes y es que, los peces óseos más antiguos, que siguen a los placodermos en el árbol de la evolución, no muestran ninguna evidencia de fertilización interna, es decir, de presencia de órganos copuladores. Por lo tanto, en algún momento, los primeros peces deben haber perdido el método de fecundación interna observado en placodermos, antes de que algunos de sus descendientes “reinventaran” órganos con una función similar, dada la eficacia de los mismos (órganos que van desde los claspers similares en tiburones y rayas actuales, al pene de los humanos), sugieren los autores. Es decir, que lo que antes se creía imposible, que grupos animales con fecundación externa tuvieran antepasados con fecundación interna, ahora no parece tan imposible...
En resumidas cuentas, que el lío que se ha montado sobre el lugar evolutivo de los placodermos, tras este descubrimiento es monumental y, por qué no decirlo, ¡apasionante!.
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| Árbol evolutivo del pene propuesto por los autores del estudio. Fuente. |
En resumidas cuentas, que el lío que se ha montado sobre el lugar evolutivo de los placodermos, tras este descubrimiento es monumental y, por qué no decirlo, ¡apasionante!.
El hecho es que ahora mismo no se sabe muy bien si los placodermos forman un grupo monofilético, con el que los seres humanos compartimos un ancestro común, como se pensaba hasta ahora o, directamente, los placodermos son ese ancestro a partir del cual proviene el resto de animales vertebrados, entre los que nos encontramos.
Sea como fuere, esto no hace más que incrementar el interés por este grupo de peces acorazados primitivos, por lo que habrá que estar muy atento a las informaciones futuras, en la medida en que es el descubrimiento de nuestro origen más antiguo el que está sobre la mesa. Hasta entonces, cada vez que habléis, penséis o practiquéis sexo, acordaros de este curioso y precoz grupo de peces que disfrutó de él mucho antes que todos nosotros.
Fuentes:
-John A. Long, Elga Mark-Kurik, Zerina Johanson, Michael S. Y. Lee, Gavin C. Young, Zhu Min, Per E. Ahlberg, Michael Newman, Roger Jones, Jan den Blaauwen, Brian Choo & Kate Trinajstic (2014) Copulation in antiarch placoderms and the origin of gnathostome internal fertilization. Nature. doi:10.1038/nature13825
http://www.nature.com/nature/journal/vaop/ncurrent/full/nature13825.html
- John A. Long, Kate Trinajstic & Zerina Johanson (2009) Devonian arthrodire embryos and the origin of internal fertilization in vertebrates. Nature 457, 1124-112.
http://www.nature.com/nature/journal/v457/n7233/full/nature07732.html




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